bwigroup_logoGerardo Urchaga, ex director de recolocación de Delphi, sitúa al viceconsejero de Empleo, Luis Nieto, en la diana del fracaso de esta operación

“Cuando salíamos de la reunión, los dos altos directivos de BWI me miraron, entre sorprendidos y defraudados, con unos ojos más que significativos, que me preguntaban: ¿no nos habías dicho tú que en la Junta estaban interesados en este proyecto? Eso sucedía el 1 de junio de 2012, pero todo empezó unos cuantos meses antes”.

Así comienza un relato que no está escrito por ningún dirigente sindical, ningún extrabajador de Delphi, ningún parado. Está relatado por Gerardo Urchaga, quien fuera director de la oficina de recolocación de Delphi, más conocida como DTS. Esta persona pertenecía a la Fundación Altedia Creade, contratada a estos efectos por el Servicio Andaluz de Empleo, es decir, la Consejería de Empleo, es decir, la propia Junta.

Urchaga pone en el centro de sus críticas a una sola persona: el viceconsejero de Empleo, Luis Nieto. En su detallado relato, que ha hecho llegar a este periódico, explica los detalles que, en su opinión, dieron al traste con una negociación que podría haber posibilitado la instalación de esta empresa multinacional de la automoción en los antiguos terrenos de Delphi.

Volviendo al 1 de junio, Urchaga recuerda cada minuto: “Yo estaba en la Consejería a las 8:30, pero el señor viceconsejero no apareció hasta después de las nueve. Antes, a las 8:50, ya estaban allí los directivos de BWI -Jack Hackett, Global Director of Sales and Engineering de BWI; y. Juan Luis García Méndez, Global Chief Product Engineering Suspensions de BWI-. Los atendí yo en una sala a la que, tiempo después, se incorporaron el Director de Inversiones de IDEA, Francisco Álvaro, (en lugar del Director General, como estaba previsto) y la Delegada Provincial de Empleo, Angelines Ortiz; y esperamos todos a la incorporación del Viceconsejero. Pasadas las nueve y media (la hora prevista inicialmente para la reunión, antes de ser adelantada media hora por el señor Viceconsejero) intentamos saber qué ocurría y si la reunión se iba a celebrar o no. Nos aseguraron que se celebraría, pero que aún se retrasaría. Eran casi las diez de la mañana cuando apareció el señor Viceconsejero, pidiendo disculpas por su retraso y anunciando que ¡solo podría estar cinco minutos!. Efectivamente, habían transcurrido poco más de esos cinco minutos cuando el Director de Ingeniería y Ventas estaba exponiendo las magnitudes más significativas de BWI, el señor Viceconsejero abandonó la reunión, no sin disculparse nuevamente”.

Tras este contratiempo, sigue relatando Gerardo Urchaga, los dos responsables de la Junta que quedaban en la sala (Angelines Ortiz y Francisco Álvaro) explicaron, en términos generales, las posibles medidas de apoyo “y ellos se comprometieron a enviar en breve (como así hicieron) el Plan Industrial de inversiones a realizar”.

En esta reunión se habló de términos de alquiler para el edificio y por cuánto tiempo (o en su caso, alternativas); de las subvenciones para adaptación del edificio y compra de máquinas y equipos; de incentivos fiscales; de ayudas a la contratación; de ayudas a la formación y del ambiente laboral y convenio

a aplicar. Efectivamente, poco después, la multinacional envió a la Junta su plan previsto para instalar en Puerto Real su segunda fábrica en Europa. Todo estaba perfectamente detallado. Desde los plazos de instalación por fases de la nueva planta, hasta la inversión. El coste total, 38 millones de dólares (mucho menos de lo invertido hasta el día de hoy por parte de la Junta en todo el proceso formativo) y empleo en dos fases para casi 400 personas.

El interés de Urchaga en esta operación fue tal que, incluso, organizó una cena con los dos responsables de BWI para lograr un acercamiento y mejor posición de cara a la reunión que se celebraría al día siguiente. Así lo recuerda: “La cena fue muy interesante y esclarecedora y me permitió conocer mejor no sólo la enorme estructura de BWI en el mundo sino, sobre todo, sus motivos de una nueva instalación industrial, teniendo en cuenta la saturación de producción que había alcanzado su fábrica de Polonia y la urgencia de sus necesidades para abastecer el mercado europeo”.

Prosigue su relato Gerardo Urchaga preguntándose si “ese mal comienzo -referido a esa primera reunión- fue lo que lastró todo el proceso de negociación posterior. O fue sencillamente que ya en aquella reunión, alguien nunca tuvo intención de ir adelante con el proyecto. El hecho es que, desde entonces, todo fue una sucesión de evasivas, desencuentros y dejadez total por quien parecería lógico que debería tener interés en atraer inversiones a la Bahía de Cádiz. La inmensa cantidad de emails (aunque no es ético darlos a conocer) generados durante todo el proceso, deja clara cuál fue la postura de cada uno”. Y añade: “Cuando yo dejé de tirar del carro y de ejercer de permanente pepito grillo no lo hice por agotamiento, ni porque no creyera en el proyecto. Mi experiencia de haber creado a lo largo de mi vida profesional ocho empresas con más de mil puestos de trabajo, me confirmaban cada día en su viabilidad”.

Al acabar aquella primera reunión, continúa el ex responsable del DTS, “como yo estaba tan perplejo como los dos directivos de BWI, no sabía qué contestarles. Para evitar que, visto lo visto, dudaran del interés de la otra parte, se dieran media vuelta y desaparecieran, me vi en la necesidad de confirmarles que sí, que la Junta estaba muy interesada en su proyecto. Pensé que no se regatearían esfuerzos para conseguirlo (…) Pero no fui capaz de ver que hubiera voluntad política para llevarlo adelante. Si la hubo, no la vi. Las dificultades (propias de toda negociación) eran perfectamente salvables, incluso las retributivas. Pero, para eso, hace falta tener voluntad política”.

Y finaliza: “El colectivo de Delphi nunca podrá reprochar a la Junta que, desde hace cinco años, no haya puesto dinero (las sumas han sido hasta indecentes). Pero, esta era la mejor ocasión de hacer un buen uso del mismo, porque no se trataba de gastar dinero, sino de invertirlo. A pesar de los malos comienzos, se trataba de conseguir el futuro. Y no pudo ser”.

Otro aspecto que hasta ahora no se conocía y que admite Urchaga en su carta, es el hecho de que fue Antonio Montoro (portavoz de UGT en Delphi) quien promovió el inicio de las reuniones. “A finales del año

2011, Antonio Montoro (sí, él fue quien inició todo) venía insistiéndome en que había establecido contactos con dos multinacionales que podrían estar interesadas en instalarse en lo que fue Delphi”.

Hoy, la realidad es la que puede verse sobre estas líneas. El interior de la antigua fábrica completamente vacío, a la espera de que alguien se decida a utilizarla, llenarla de nuevo y generar actividad industrial.

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Diariodecadiz

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