DHC_150615_3“Estamos orgullosos de haber trabajado en Delphi, una de las mejores fábricas de Europa, pero hoy lo tenemos que quitar del currículum”

Edificio de los sindicatos de Cádiz. Viernes a las once y media de la mañana. En el salón de actos, el mismo que utilizó el nuevo alcalde de la capital para celebrar asambleas, se ha convertido en la sala de estar, en la cocina y en el dormitorio de un grupo de personas desde hace más de 500 días. Allí, junto a la mesa que preside el salón, puede verse una plancha para calentar alimentos. En la parte de arriba, sobre las sillas, varios colchones. Abajo, un par de sofás. Apenas hay 10 personas, a las que les corresponde el turno porque, quieren dejar claro, se van turnando.

En todos esos meses que suman los más de 500 días han visto “cómo unos lo han perdido todo, otros han perdido la cabeza y la inmensa mayoría seguimos aguantando”. José Antonio Pérez era oficial de primera de producción en la antigua Delphi. Allí se llevó desde el año 1987 (cuando aún era General Motors) hasta el día de su cierre. 20 años. Hoy, en el edificio sindical, asegura sentir, como otros muchos de sus compañeros, “abandono por parte de la Junta de Andalucía, de los políticos y de los sindicatos, por todos aquellos en quienes confiamos cuando se cerró la fábrica y que han dejado tirados a más de 500 personas. Cuando se firmó el protocolo se firmó para que todos tuviéramos un trabajo y hoy estamos aquí todavía mucha gente”. Se encuentran en una montaña rusa sin parada. Dan vueltas a una situación en la que al principio fueron de la mano de la Junta, a la que hoy consideran la causante de sus males, pero a la que siguen reclamando que les ayude.

Ahora, desde ese encierro, quieren trasladar a la sociedad gaditana varios mensajes. Insisten, tanto José Antonio como Eugenio Abelludo (ambos de Puerto Real), en que esa sociedad debe saber varias cosas. Una de ellas, que no quieren dinero. “Lo que queremos es un trabajo, que es lo que firmamos en 2007 y que sólo han tenido unos pocos”, dicen. También, que “en ese momento, cuando se cerró, la Junta de Andalucía nos dijo que no cogiéramos la indemnización de 90 días por año, sino 45, que ella se quedaba con los activos, con los terrenos y las máquinas para crear empleo, y aquí estamos ocho años después”. Y, una más: “Es absolutamente mentira, como dice la Junta, que nos lleváramos de media 100.000 euros. Después de muchos años en Delphi yo cogí 60.000 y tuve que pagar 25.000 a Hacienda”, recuerda Ramón, otro de los ‘encerrados’.

Si algo tienen estos extrabajadores es falta de respuestas. Francisco Ruiz, uno de ellos, explicaba que “quiero pensar que alguien no le ha dicho toda la verdad a Susana Díaz, porque no es normal que no quiera ni sentarse con nosotros. No puede criminalizar al colectivo Delphi, a familias, a niños. Tenemos el apellido Delphi por culpa de Susana Díaz, ese apellido nos pesa, porque se ha encargado junto con Irene García de criminalizarnos. Somos trabajadores, lo único que he hecho en mi vida es trabajar. Nos ha vetado de Sevilla hasta Cádiz. Es una locura”.

Quieren desmitificar mitos, como el de que son unos privilegiados. “¿Privilegiados? ¿Dónde está el privilegio? Renunciamos a parte de nuestra indemnización, que podíamos haber cobrado entera si entre los sindicatos y la Junta no se inventan lo del protocolo. Nuestros dos años de paro los usaron para pagarnos todos los meses como si fuera un sueldo, y era nuestro paro. Dicen que cobramos mucho y es mentira; los altos cargos de la Junta y todos los que rodeaban a las empresas que daban los cursos de formación sí que cobraron, y bien”. Aseguran que, en esa etapa, se despilfarró material, se usaban equipos y herramientas para “hacerse la foto” en la inauguración de algún curso formativo en otra provincia. Se las llevaban y a los dos días las devolvían.

Y, pese a todo, mantienen el orgullo intacto. “Nos sentimos orgullosos todos de haber trabajado en Delphi, porque era una de las mejores fábricas de toda Europa; nuestra fábrica tenía los mejores índices de calidad, el menor índice de fallos y un índice de absentismo bajo. Porque eso de que somos unos flojos es como la cantinela de que en astilleros no trabaja nadie. ¿Qué pasa, que los barcos se hacen solos?”, reflexiona Ramón. Y Francisco Ruiz añade: “Pues a pesar de sentirnos orgullosos de haber trabajado en Delphi no podemos ponerlo en el currículum porque nos lo meten en un cajón”. “Yo he llegado a poner que trabajé en Saginaw o en Delco -nombre que tenían las diferentes naves de la fábrica-, porque si ponía General Motors tampoco me valía, me decían: Ah, eso era Delphi no? Ya le llamaremos”, recuerda José Antonio.

Sorprende comprobar el nivel de conocimiento que tienen del funcionamiento de la prensa. No en vano, están acostumbrados cada día a leer la prensa, a escuchar la radio o ver los informativos de televisión, básicamente, porque se habla de ellos. “Nos han echado a la gente encima y no es justo. La idea que la Junta ha dado a todo el mundo es que cobramos muchísimo dinero, y es mentira. Yo cobré la mitad del dinero que me correspondía a cambio de un puesto de trabajo en la Bahía”, afirma José Antonio.

Eugenio Abelludo expone el sentir generalizado: “Me sorprende lo que se publicó el otro día, lo de los 100.000 euros, habrá que preguntarle cuánto se llevaron los consejeros que hoy están imputados. Los directivos de Delphi seguro que se llevaron ese dinero, y hoy están colocados en París o en Marruecos, pero la media del operario fue de 24.000 o de 48.000 euros y quítale la tributación a Hacienda”.

Admite que prefiere seguir en el encierro “antes que estar en mi casa, es una salida mental y evitar la depresión, que lo sepan los sindicatos y los políticos. Lo llevamos mal porque no nos gusta estar en esta situación, el que diga lo contrario miente; yo preferiría estar en mi casa, con mi familia, con mis hijos y no aquí encerrado. Lo único que hacemos aquí es reunirnos, miramos las ofertas de trabajo y las echamos, que no se crea la gente que aquí estamos sin hacer nada. Pero nuestra media de edad es de 50 años para arriba. ¿Dónde vamos con esta edad? A mí me lo han dicho claramente en entrevistas que tengo curriculum, titulación, pero prefieren gente más joven”.

Y, casi de forma inevitable, se producen resquemores, desencuentros y enemistades. Francisco Ruiz pone el ejemplo con los 350 extrabajadores de Delphi que fueron contratados en la factoría de Alestis en Puerto Real, pegada a Delphi. “Todos hicimos los mismos cursos que los compañeros que están en Alestis, y nosotros no estamos homologados y ellos sí. Eso nos corta la posibilidad de buscar trabajo en la provincia, porque el empleo de hoy y del futuro está en la aeronáutica. Alguien no quiere que volvamos al mercado laboral. Lo lamentable es que el presidente del comité de empresa de Alestis, de CCOO, compañero de Delphi durante 20 años, permita que 500 compañeros suyos estén en la miseria y allí se estén haciendo horas extra y enriqueciéndose”. Y añade que “si no hay nada que te avergüence ni nada que ocultar, un porcentaje de los 350 antiguos compañeros que entraron en Alestis, aunque fuera solo un 10% de ellos, nos apoyaría por solidaridad. Pues ninguno ha venido nunca a darnos apoyo. ¿Qué pasa? ¿Es que desde los sindicatos están diciendo que no se acerquen a nosotros? Conozco a cuatro o cinco de Alestis que se han negado a hacer horas extra porque estamos nosotros aquí, y están mal mirados en la fábrica”.

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